Dogü

Una obra ceremonial que entrelaza iconografía de civilizaciones ancestrales para abrir un portal entre culturas y dimensiones sagradas. La silueta de Shiva, dios de la destrucción y regeneración, se erige como figura central observada por enigmáticos dogū, guardianes de barro del Japón neolítico. En el supramundo, la pirámide de Chichen Itzá se eleva, custodiada por Quetzalcóatl como serpiente celeste, mientras dos axolotl descansan en la base: símbolos de lo anfibio, lo mutable y lo eterno. Esta pieza representa un cruce de planos, donde el hinduismo, el pensamiento mesoamericano y lo japonés convergen dentro de Tlalticpac como un acto de alquimia espiritual y estética.

$5,000.00

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Peso9.2 kg
Dimensiones48 × 5 × 62 cm
Cerámica Raku a cono 09, pigmentos cerámicos, nitrato de plata y marco de metal negro. 48 × 5 × 62 cm · 9.2 kg · 2019

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Fragmentada, sagrada y eterna: esta escultura representa a Vayú, la diosa del viento y el desierto, justo en el momento de su caída mítica. Una pieza cerámica colosal cargada de simbolismo, esculpida en alta temperatura con hierro y cobalto.

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Inspirada en la Ceiba, el axis mundi de la cosmovisión maya, esta escultura representa el puente entre el mundo terrenal y lo divino en Yum Kaax, la región de la Tierra en Tlalticpac. En su cúspide, un elefante porta símbolos inventados que encriptan la palabra “Guía”, aludiendo al papel de este ser como protector del equilibrio y orientador de los caminantes del alma. El pigmento azul cobalto resalta su función mística como señal en el paisaje sagrado. Esta obra invoca la conexión entre lo ancestral, lo simbólico y lo eterno.

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Desde los bosques eternos de Yum Kaax surge esta encarnación del sabio árbol. El anciano Ahuehuete, con rostro de piedra y cobalto, guía a los druidas en la interpretación de los astros. Su silueta triangular imita montañas vivas, y su esencia vibra con la memoria de los ciclos cósmicos de Tlalticpac.

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