Ryno

«Su nombre es Eleneseto y trabaja con la máquina», ese texto está inscrito en el mural, también la fecha del 21 de julio del 2020. Desde esta pieza he estado intentando codificar símbolos integradas en las piezas y con ellas darle formas específicas.

Información adicional

Cerámia, Raku cono 05.

Más Piezas

Botella cerámica rota con símbolos rituales, esmaltada en hierro, rutilo y cobalto – Tlalticpac

Botella de los vientos

Recipiente ritual que encierra símbolos ancestrales capaces de invocar tormentas poderosas. Su cuerpo fracturado no es signo de fragilidad, sino testimonio del uso extremo y de la energía que ha liberado. Esta pieza representa la fuerza contenida y la conexión con las fuerzas elementales de Vayú, evocando la naturaleza impredecible y devastadora del viento en Tlalticpac. Los esmaltes en hierro, rutilo y cobalto realzan su aura mística y su carga simbólica.
Escultura cerámica de Vayú con símbolos narrativos en la parte posterior, esmaltes de hierro, rutilo y cobalto – Tlalticpac

la redención de vayú

Captura el momento simbólico en que la diosa del viento acepta su fragmentación, abrazando la dualidad y la transformación. En la parte posterior, una serie de símbolos narran con detalle este instante crucial, reflejando la reconciliación con el cambio y la impermanencia. La combinación de esmaltes de hierro, rutilo y cobalto crea texturas y tonalidades que evocan la complejidad espiritual y la profundidad de la mitología de Tlalticpac, haciendo de esta pieza un objeto de meditación y poder.
Escultura cerámica de un árbol ceiba con cabeza de elefante y símbolos místicos, pigmento cobalto – Yum Kaax, Tlalticpac

Ceiba

Inspirada en la Ceiba, el axis mundi de la cosmovisión maya, esta escultura representa el puente entre el mundo terrenal y lo divino en Yum Kaax, la región de la Tierra en Tlalticpac. En su cúspide, un elefante porta símbolos inventados que encriptan la palabra “Guía”, aludiendo al papel de este ser como protector del equilibrio y orientador de los caminantes del alma. El pigmento azul cobalto resalta su función mística como señal en el paisaje sagrado. Esta obra invoca la conexión entre lo ancestral, lo simbólico y lo eterno.
Jarrón de cerámica con rostro de Hotei pintado como Tecatzlipocatl y símbolo maya grabado – pieza de Tlalticpac (Vayú)

Budai

Surn-Akai, el Viajero de los Mundos, sonríe desde este jarrón ceremonial. Inspirado en Hotei, pero consagrado en Vayú como guardián de los caminos invisibles, su rostro mezcla la alegría con la sombra del misterio. En su espalda, el símbolo de “Atlas” conecta dimensiones. Contenedor de secretos. Protector de almas errantes.
Escultura de cerámica con rostro de hombre maya y pintura africana inspirada en Shango – 38 × 24 × 15 cm – Tlalticpac, región Yum Kaax

Atlas

Desde las raíces de Yum Kaax, Atlas sostiene el peso de las creencias perdidas. Su rostro fusiona lo maya con la pintura ritual de Shango, recordándonos que los mitos no pertenecen a un solo pueblo. Esta escultura totem es puente entre dos memorias ancestrales. Una ofrenda a la herencia del mundo.
Escultura cerámica que representa el Fósil Helix del culto nacido en Twitch Plays Pokémon – Tlalticpac, Vajrapani

Fósil Helix

“Fósil Helix” es una pieza que captura el mito digital nacido del fenómeno colectivo Twitch Plays Pokémon, donde millones de jugadores anónimos controlaron juntos una sola partida de Pokémon Rojo en 2014. Esta colmena digital dio origen a una narrativa caótica, casi litúrgica, en la que el Fósil Helix fue elevado a objeto sagrado, oráculo y símbolo de resistencia ante el desorden. En Tlalticpac, esta pieza forma parte de los Artefactos de Vajrapani, una región donde las inteligencias colectivas y los mitos del siglo XXI toman forma física. El fósil no solo representa un vestigio prehistórico: es la encarnación de una fe nacida en el caos algorítmico, un testimonio de cómo las masas pueden crear divinidad desde el ruido. Esmaltada con contrastes brillantes y mates, esta pieza muestra capas temporales como estratos de una arqueología de lo digital. En ella, la colmena de jugadores no es solo audiencia: es artífice de una religión efímera y viral.“Fósil Helix” es una pieza que captura el mito digital nacido del fenómeno colectivo Twitch Plays Pokémon, donde millones de jugadores anónimos controlaron juntos una sola partida de Pokémon Rojo en 2014. Esta colmena digital dio origen a una narrativa caótica, casi litúrgica, en la que el Fósil Helix fue elevado a objeto sagrado, oráculo y símbolo de resistencia ante el desorden. En Tlalticpac, esta pieza forma parte de los Artefactos de Vajrapani, una región donde las inteligencias colectivas y los mitos del siglo XXI toman forma física. El fósil no solo representa un vestigio prehistórico: es la encarnación de una fe nacida en el caos algorítmico, un testimonio de cómo las masas pueden crear divinidad desde el ruido. Esmaltada con contrastes brillantes y mates, esta pieza muestra capas temporales como estratos de una arqueología de lo digital. En ella, la colmena de jugadores no es solo audiencia: es artífice de una religión efímera y viral.
Escultura cerámica Raku con silueta de Shiva, dogūs japoneses, pirámide de Chichen Itzá y axolotl – Tlalticpac

Dogü

Una obra ceremonial que entrelaza iconografía de civilizaciones ancestrales para abrir un portal entre culturas y dimensiones sagradas. La silueta de Shiva, dios de la destrucción y regeneración, se erige como figura central observada por enigmáticos dogū, guardianes de barro del Japón neolítico. En el supramundo, la pirámide de Chichen Itzá se eleva, custodiada por Quetzalcóatl como serpiente celeste, mientras dos axolotl descansan en la base: símbolos de lo anfibio, lo mutable y lo eterno. Esta pieza representa un cruce de planos, donde el hinduismo, el pensamiento mesoamericano y lo japonés convergen dentro de Tlalticpac como un acto de alquimia espiritual y estética.
Escultura cerámica con engobes de colores y marco metálico negro inspirada en la tumba de Pakal – Tlalticpac

Pakal

“Pakal” es una interpretación contemporánea del sarcófago del gran gobernante maya K’inich Janaab’ Pakal, trasladada al universo de Tlalticpac. Esta pieza rinde homenaje a la cosmogonía mesoamericana al representar el descenso del alma hacia lo profundo del inframundo, guiada por símbolos cromáticos en rojo, azul y verde. Enmarcada en metal negro, la obra emula un portal ritual: un umbral entre el tiempo mítico y la materia sagrada. Aquí, Pakal no solo es rey, sino viajero estelar y semilla de renacimiento dentro de la narrativa de Ha’, la región del agua.